El Niño golpearía con fuerza la zona centro-sur: Se esperan lluvias sobre lo normal hasta primavera
El fantasma de los desastres naturales asociados a la variabilidad climática vuelve a poner en alerta al país. Según las últimas proyecciones de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), el Fenómeno de El Niño se encamina hacia Chile con una intensidad que podría oscilar entre moderada y fuerte, manifestando sus primeros efectos a partir de junio de este año.
El evento, caracterizado por un calentamiento anormal de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial y el debilitamiento de los vientos alisios, generaría un giro drástico en el régimen de precipitaciones tras un inicio de año marcado por la escasez hídrica.
Probabilidades y anomalías térmicas
El reporte actualizado a este mes de abril arroja datos preocupantes para la planificación de emergencias:
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Probabilidad de ocurrencia: Existe un 80% de certeza de que El Niño se consolide durante el trimestre de junio, julio y agosto.
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Intensidad térmica: Se espera que las temperaturas del océano superen en más de 1°C su promedio habitual, parámetro que define a un evento de gran envergadura.
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Duración: Los efectos del fenómeno se prolongarían, al menos, hasta el verano de 2027.
Zonas de impacto: Desde Coquimbo hasta La Araucanía
Los expertos coinciden en que la zona central y centro-sur del país será la más expuesta. Existe entre un 60% y 70% de probabilidad de que las lluvias superen los promedios históricos en el tramo comprendido entre las regiones de Coquimbo y La Araucanía.
A diferencia de los inviernos fríos, la influencia de El Niño suele traer aparejadas temperaturas más altas de lo normal (invierno cálido), lo que conlleva un riesgo adicional: el aumento de la isoterma cero. Esto podría derivar en lluvias en zonas de alta cordillera donde normalmente cae nieve, incrementando el peligro de remociones en masa y desbordes de ríos.
Primavera lluviosa
Aunque hasta antes de junio las precipitaciones se mantendrían dentro de los rangos normales o bajo lo normal, la tendencia cambiaría radicalmente a mitad de año. Las proyecciones no descartan que este superávit de agua se extienda incluso durante la primavera de 2026, alterando los ciclos agrícolas y la preparación urbana ante inundaciones.
Desde los organismos de emergencia han comenzado a monitorear estos datos para fortalecer la infraestructura y los protocolos de respuesta en las regiones que, históricamente, son más vulnerables a los embates de este fenómeno climático.
