Las mascotas también se vacunan: una mirada desde Una Salud
En estas semanas, es habitual ver los centros de salud regionales llenos de personas que, de manera responsable, acuden a completar sus esquemas de vacunación contra la influenza y el COVID-19. Esta conducta refleja algo muy valioso como sociedad: comprendemos que prevenir es protegernos, no solo de manera individual, sino también colectiva.
Sin embargo, en medio de este esfuerzo sanitario, surge una pregunta que no siempre nos hacemos con la misma urgencia: ¿están nuestras mascotas igual de protegidas?
Desde el enfoque de Una Salud (One Health), esta pregunta cobra especial relevancia. Este concepto, cada vez más presente en las políticas sanitarias y en la formación de profesionales de la salud, nos recuerda que la salud humana, la salud animal y la del entorno están profundamente interconectadas. Lo que afecta a uno, inevitablemente impacta en los otros.
Así como en humanos seguimos esquemas de vacunación definidos a lo largo de la vida, desde la infancia hasta la adultez, nuestras mascotas también requieren calendarios vacunales completos y actualizados. No se trata solo de una recomendación, sino de una estrategia clave de prevención que protege su bienestar y, al mismo tiempo, resguarda la salud pública.
En perros, vacunas como la séxtuple u óctuple permiten prevenir enfermedades graves como el parvovirus o el distemper, patologías altamente contagiosas y con elevada mortalidad en animales no inmunizados. En gatos, la vacuna triple felina protege frente a enfermedades respiratorias y digestivas que pueden comprometer seriamente su calidad de vida.
Pero más allá del bienestar individual de cada animal, existe un punto crítico donde la salud animal y humana convergen de manera directa: la vacunación antirrábica. En Chile, su carácter obligatorio no es casualidad. La rabia es una enfermedad zoonótica, es decir, transmisible de animales a personas, y prácticamente 100% letal una vez que se manifiestan los síntomas. Mantener a nuestras mascotas vacunadas es, por tanto, una barrera sanitaria fundamental para toda la comunidad.
En este contexto, resulta coherente y necesario alinear nuestras conductas: así como acudimos a vacunarnos antes del invierno para disminuir el riesgo de enfermedades respiratorias, también debemos anticiparnos y proteger a nuestros animales frente a los agentes infecciosos que circulan con mayor intensidad en esta época.
Es importante recordar que el hecho de que una mascota permanezca dentro del hogar no elimina el riesgo. Virus y bacterias pueden ingresar a través de la ropa, el calzado o el contacto indirecto. La prevención, en este sentido, depende completamente de nuestras decisiones como tutores responsables.
Un compromiso compartido
Desde la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Católica del Maule, hacemos un llamado a la comunidad a integrar este enfoque de Una Salud en su vida cotidiana. La vacunación de nuestras mascotas no es un acto aislado ni un simple requisito sanitario: es una acción concreta que contribuye a la protección de nuestras familias, nuestros entornos y nuestra sociedad en su conjunto.
Aprovechemos el impulso de las campañas de vacunación humana para revisar también el carnet sanitario de nuestros animales. Entender que su salud es parte de la nuestra es avanzar hacia una comunidad más consciente, responsable y protegida.
Porque, en definitiva, cuidar de ellos, no solo es un acto de responsabilidad y amor hacia ellos, sino que también es cuidarnos a todos.
Por María Fernanda González
Directora subrogante Medicina Veterinaria, Universidad Católica del Maule (UCM) Sede Curicó
