Día internacional del juego y su importancia
Desde 1998, el 28 de mayo se celebra el día Internacional del Juego, reconociéndolo como un derecho fundamental y un medio de aprendizaje y desarrollo para los niños/as.
El juego ha sido y será protagonista de la infancia, independiente a la condición social, económica, raza, religión u otras características de los seres humanos, seguirá siendo una necesidad inherente, espontánea y natural, una actividad innata y esencial, que forma parte importante en el desarrollo integral de niños/as, es decir, es un medio imprescindible para el desarrollo adecuado en lo físico, cognitivo, psíquico y social.
Algunas características por edad aproximada: entre 0 y 1,6 años se manifiestan comportamientos repetitivos, reflejos, por placer o por funcionalidad. Los bebés repiten acciones que descubren al azar, centradas en su cuerpo. El movimiento genera placer y cierto manejo de sus acciones corporales. Imitan acciones cotidianas como peinarse, comer y beber; luego imitan gestos y acciones de otros, comenzando por los que realiza su madre o cuidador. Recurren a juegos que mejoran su desempeño motor como arrastrarse, gatear, lanzar, brincar, girar, entre otras repeticiones con variaciones por causalidad.
Entre 1,6 y 4 años, hay manejo de símbolos, transforman y atribuyen características a los objetos, usan la imaginación y surgen las experiencias creativas. El juego se reconoce por fingir o simular, por ejemplo, a hablar por teléfono con una caja, agregan compañía imaginaria, incorporan juguetes variados, construyen, resuelven problemas simples, paulatinamente se incorporan e interesan por los demás.
Luego aparecen las reglas, generalmente se presenta después de los cuatro años, de forma progresiva participan con otros, escogen roles y los actúan con cierto reconocimiento, asumen reglas sociales, siguen reglas para el desarrollo del juego: reglas transmitidas (establecidas según el juego como: “el pillo”) o reglas espontáneas (se establecen al momento de jugar y surgen de la socialización).
La educación parvularia presta atención y enfatiza en el juego, sus aportes, valorándolo como una actividad necesaria en las aulas y no solo por la diversión, sino porque les permite a los niños/as adquirir el dominio de su cuerpo en relación al medio, se posicionan del espacio (adquiriendo noción de espacio) al iniciar el desplazamiento, van logrando dominio muscular, fortalecen el dominio de la senso-motricidad, o sea el control viso-motor, control audio-motor y control táctil-motor, el dominio de la estática. Van manejando su postura, controlando voluntariamente el movimiento, dominio de la coordinación dinámica y control de gestos. Progresivamente adquieren coordinación visomotora fina.
En lo social logran interactuar con pares o adultos, demuestran sus características personales, notan la aceptación de otros. Se relacionan, cooperan, comparten, aprenden a respetar, se sienten parte de un grupo. Se identifican con la cultura local, regional y nacional. Practican reglas de la vida y un comportamiento social, ya que el juego facilita la inserción en un marco social, el cual, condiciona y moldea notablemente.
También, favorece las estructuras lingüísticas, potencia capacidades expresivas, adquisición y enriquecimiento de vocabulario, pronunciación correcta y fluida, facilitando el lenguaje imaginativo y creativo, entre otras habilidades.
Además, colabora con la construcción de relaciones lógicas, la función simbólica que permiten representar ciertos aspectos de las experiencias pasadas y presentes y para anticipar futuras acciones en relación a ellas, en definitiva, permite enfrentar adecuadamente situaciones y las exigencias que éstas conllevan.
El juego libre e intencionado es vital, en los primeros años el cerebro es más flexible y absorbe mayormente las experiencias, es importante considerar a los bebés y que todo estímulo es favorable, para ello no dejar el juego para cuando “sean grandes y sepan jugar”, el juego jamás será infértil, siempre están adquiriendo experiencias, aprendizajes, puliendo habilidades o destrezas.
Por Sandra Castro B
Académica de la Escuela de Pedagogía en Educación Parvularia, de la UCM
