La protección de la niñez no puede esperar
Hay una forma de violencia que prospera donde nadie mira, donde las señales se normalizan y donde las instituciones han llegado tarde: la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes.
Puede comenzar con un adulto que se acerca ofreciendo regalos, dinero, favores o drogas. Pero también puede sostenerse por algo mucho más silencioso: un sistema que no logra conectar a tiempo la información que tiene. Una institución conoce una parte de la historia, otra detecta una señal y una tercera interviene cuando el daño ya ocurrió. Cada una tiene una pieza, pero nadie alcanza a mirar la historia completa.
Y cuando eso ocurre, quienes pagan las consecuencias son los niños, niñas y adolescentes que debimos proteger.
Hace pocos días, junto a la ministra de Desarrollo Social y Familia, María Jesús Wulf, y al Subsecretario de la Niñez, Marcelo Sánchez, lanzamos en Talca el Circuito de Protección Integral contra la Explotación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes (ESNNA). El Maule, junto con Magallanes, es una de las dos regiones donde se implementará este plan.
En nuestra región ya se venían desarrollando acciones para enfrentar esta grave vulneración de derechos. Sin embargo, sabemos que todavía existen desafíos importantes y que ninguna institución puede abordarlos por sí sola. Por eso, este circuito busca fortalecer el trabajo existente, incorporar nuevos actores y establecer una coordinación más efectiva, con responsabilidades claras, plazos acotados, indicadores de cumplimiento y mecanismos de seguimiento.
Porque proteger a un niño no puede depender de la capacidad de una institución para actuar de manera aislada. Necesitamos instituciones que compartan información oportunamente, que conozcan sus responsabilidades y que sean capaces de dar continuidad a las intervenciones. No basta con detectar una situación de riesgo si después no existe un seguimiento adecuado. Tampoco basta con derivar un caso si nadie verifica qué ocurrió con ese niño o niña.
El circuito contempla nueve propuestas regionales en prevención, sensibilización, intervención y seguimiento. Pero, más allá de su estructura, lo importante es el cambio de enfoque que representa: que sea el Estado el que se coordine alrededor del niño y no el niño el que tenga que transitar una y otra vez por un Estado descoordinado.
En el Maule existen 109 casos identificados como alertas o denuncias que deben ser analizados. Esto no equivale a 109 situaciones de explotación sexual acreditadas, pero tampoco podemos restarle importancia. Detrás de cada alerta puede existir un niño o una niña que necesita protección y una respuesta oportuna.
Por eso, este trabajo tendrá plazos, indicadores y evaluaciones. En marzo de 2027 revisaremos el cumplimiento de las acciones comprometidas y proyectaremos una nueva etapa hasta diciembre. Necesitamos saber qué funcionó, qué debemos mejorar y si estamos logrando que las instituciones respondan oportunamente a quienes requieren protección.
La coordinación no puede ser solamente una palabra que repetimos en los discursos. Tiene que traducirse en decisiones, responsabilidades y resultados concretos.
Pero ninguna respuesta institucional será suficiente si como sociedad seguimos mirando hacia el lado. Debemos dejar de pensar que estas situaciones ocurren solamente en lugares lejanos o en realidades ajenas a las nuestras. Pueden estar mucho más cerca de lo que imaginamos. Por eso, las familias, los establecimientos educacionales, los vecinos y las organizaciones sociales también tienen un papel fundamental: reconocer señales, escuchar sin juzgar y pedir ayuda a tiempo.
Estoy convencido de que la manera en que una sociedad protege a sus niños dice mucho de sus prioridades y de los valores que está dispuesta a defender. No podemos hablar de futuro, oportunidades o desarrollo si no somos capaces de garantizar que los niños y niñas crezcan en entornos seguros y libres de violencia.
En el Maule hemos comenzado una nueva etapa de trabajo que exige superar las respuestas aisladas, fortalecer la colaboración y transformar los compromisos en resultados.
Porque detrás de cada alerta hay una vida, una historia y un futuro que merece ser protegido. Y esa debe ser nuestra prioridad: trabajar juntos para que ninguna señal sea ignorada, ninguna alerta quede sin respuesta y ningún niño se pierda en el camino
Por Pablo Olivares Orellana
Seremi de Desarrollo Social y Familia
Región del Maule
